El debate sobre el absentismo no debería quedarse en las bajas
Cada vez que se publican los datos de absentismo laboral, el debate vuelve a centrarse en el aumento de las bajas, el coste que suponen y las dificultades que generan para las organizaciones.
Es normal, existen situaciones de uso inadecuado de la incapacidad temporal que deben abordarse. Pero centrar toda la conversación en quienes no acuden a trabajar deja fuera otra realidad mucho menos visible: la de quienes siguen trabajando cuando, por su estado de salud, probablemente deberían estar descansando o recibiendo atención médica.
Ahí aparece el presentismo.
¿Qué entendemos por presentismo?
En salud laboral hablamos de presentismo cuando una persona acude a su puesto a pesar de encontrarse en unas condiciones físicas o psicológicas que dificultan que pueda desarrollar su trabajo con normalidad.
A diferencia del absentismo, el presentismo no suele aparecer en las estadísticas porque la persona está físicamente en su puesto. El problema es que estar presente no significa necesariamente estar en condiciones adecuadas para trabajar.
Una persona puede estar en la oficina, delante del ordenador o realizando su tarea habitual y, al mismo tiempo, encontrarse agotada, enferma, preocupada o emocionalmente desbordada.
Cuando el compromiso con el trabajo juega en contra
El presentismo no siempre nace de una falta de conciencia sobre la propia salud. En muchos casos ocurre precisamente al contrario.
Hay trabajadores con un elevado sentido de la responsabilidad que tienen dificultades para delegar, no quieren dejar al equipo en una situación complicada o sienten que su ausencia puede perjudicar a la organización.
Trabajar enfermo también tiene consecuencias
Acudir al trabajo cuando no se está en condiciones adecuadas no es una situación neutra.
El presentismo puede afectar a la concentración y al rendimiento, aumentar la posibilidad de cometer errores y, dependiendo de la actividad, incrementar el riesgo de accidente.
Además, cuando existen problemas musculoesqueléticos, ansiedad, depresión o agotamiento emocional, retrasar la recuperación puede terminar agravando el problema y favorecer que posteriormente sea necesaria una baja más prolongada.
Por eso, desde la prevención, no deberíamos valorar únicamente si una persona está o no está en su puesto. También importa en qué condiciones está trabajando.
El mensaje que se transmite desde la organización es clave.
La forma en la que una empresa habla del absentismo puede influir en las decisiones que toman sus trabajadores.
Si todo el discurso se centra en reducir las bajas y controlar las ausencias, algunas personas pueden llegar a interpretar que solicitar una incapacidad temporal es una señal de falta de compromiso.
Y eso puede llevar a retrasar una decisión que, desde el punto de vista de la salud, sería la más adecuada.
La incapacidad temporal no debería entenderse como un premio ni como una concesión de la empresa. Es una herramienta de protección cuando una persona presenta una limitación que le impide trabajar con normalidad o cuando continuar con su actividad puede perjudicar su recuperación o comprometer su seguridad.
El papel de los mandos y de la organización
Los responsables de equipos y los mandos intermedios tienen un papel importante, especialmente cuando empiezan a aparecer señales de que algo no va bien.
Cambios en el comportamiento, dificultades de concentración, descenso del rendimiento, irritabilidad, cansancio evidente o un deterioro del estado emocional pueden ser señales que aconsejen abrir una conversación.
No se trata de diagnosticar ni de invadir la esfera personal del trabajador. Se trata de generar un entorno en el que sea posible expresar que existe un problema y buscar el apoyo adecuado antes de que la situación empeore.
La propia organización también puede facilitar las cosas. Una buena planificación, procedimientos claros para cubrir ausencias y una cultura de apoyo reducen la presión que muchas personas sienten cuando necesitan parar temporalmente.
Prevenir también significa saber cuándo hay que parar
Desde la Prevención de Riesgos Laborales hablamos continuamente de proteger la salud. Y eso implica actuar en las dos direcciones.
Es necesario abordar las ausencias injustificadas cuando existan, pero también evitar que una persona continúe trabajando cuando hacerlo supone un riesgo para su salud, para su recuperación o para quienes trabajan a su alrededor.
Quizá el objetivo no deba ser únicamente reducir el absentismo. También necesitamos entender qué hay detrás de las personas que nunca faltan.
Porque detrás de un trabajador que siempre está presente puede haber alguien agotado, enfermo o atravesando una situación personal especialmente difícil.
Y aunque esa realidad no aparezca en ningún indicador de absentismo, sigue siendo una cuestión de salud laboral y, por tanto, también merece nuestra atención.