En prevención de riesgos laborales existe una reflexión que se repite con frecuencia después de cada accidente grave: la mayoría de las tragedias no ocurren por riesgos desconocidos ni por situaciones excepcionales. En muchos casos, suceden porque fallan medidas preventivas básicas que llevan años formando parte de la normativa y de las buenas prácticas de seguridad.
Los recientes accidentes mortales ocurridos en Cataluña vuelven a poner esta realidad sobre la mesa. En Sant Fruitós de Bages, un trabajador de 56 años perdió la vida tras caer desde la cubierta de una empresa. Semanas antes, en Vallirana, otro trabajador de 57 años fallecía al quedar atrapado bajo un palé que cayó sobre él en una nave industrial.
Serán las investigaciones oficiales las que determinen exactamente qué ocurrió en cada caso. Sin embargo, desde una perspectiva preventiva, ambos accidentes comparten un elemento común: se produjeron en situaciones donde los riesgos son ampliamente conocidos y donde existen medidas de control que, correctamente aplicadas, pueden reducir significativamente la probabilidad de que ocurra una tragedia.
Las caídas desde tejados, cubiertas, plataformas o estructuras elevadas continúan siendo una de las principales causas de accidentes mortales en el ámbito laboral. No es un problema nuevo ni un riesgo difícil de identificar.
De hecho, probablemente estamos ante uno de los riesgos mejor estudiados y regulados dentro de la prevención de riesgos laborales. Existen procedimientos específicos, equipos de protección, sistemas de seguridad colectiva y requisitos formativos destinados precisamente a evitar este tipo de accidentes.
Cuando se analizan siniestros de estas características, es habitual encontrar deficiencias relacionadas con aspectos como:
Por eso, después de una caída mortal, la pregunta más importante no suele ser qué ocurrió en el momento del accidente, sino qué controles fallaron previamente para que el trabajador llegara a encontrarse en una situación de riesgo tan elevada.
El accidente ocurrido en Vallirana pone el foco sobre otro riesgo habitual en entornos industriales y logísticos: la caída de materiales durante operaciones de almacenamiento o manipulación de cargas.
En almacenes y naves industriales conviven diariamente trabajadores, carretillas elevadoras, estanterías y mercancías de gran peso. Para que esa convivencia sea segura es necesario establecer medidas organizativas y técnicas que impidan que una carga pueda impactar sobre una persona.
Entre las medidas preventivas más habituales se encuentran:
La experiencia demuestra que, cuando una carga termina cayendo sobre un trabajador, raramente existe una única causa que explique lo sucedido. Lo más habitual es encontrar una cadena de pequeños fallos que, combinados entre sí, terminan generando el escenario perfecto para que ocurra el accidente.
Cada vez que se produce un accidente grave surge la tentación de pensar que hacen falta más leyes o más regulaciones. Sin embargo, en la mayoría de los casos el problema no radica en la ausencia de normativa.
España cuenta con un marco legal amplio y técnicamente sólido en materia de prevención de riesgos laborales. Los riesgos asociados a trabajos en altura o a la manipulación de cargas están perfectamente identificados desde hace años y existen criterios preventivos claros para controlarlos.
El verdadero desafío suele aparecer en la aplicación práctica de esas medidas dentro de las organizaciones.
En las investigaciones de accidentes es frecuente encontrar factores como:
Cuando una tarea se repite durante años sin incidentes, existe el riesgo de que determinadas prácticas inseguras terminen percibiéndose como normales. Y precisamente ahí es donde suelen empezar muchos accidentes graves.
Uno de los errores más habituales es valorar la prevención únicamente después de que ocurre un siniestro. Sin embargo, la verdadera eficacia de un sistema preventivo se mide mucho antes.
La prevención consiste en identificar situaciones peligrosas, implantar barreras de protección y corregir desviaciones antes de que alguien resulte lesionado. Cuando esas barreras funcionan, el accidente nunca llega a producirse y, precisamente por eso, suele pasar desapercibido.
Tanto las caídas en altura como los accidentes provocados por la caída de objetos forman parte de los riesgos más conocidos dentro del ámbito laboral. Existen soluciones técnicas, procedimientos y medidas organizativas suficientemente contrastadas para reducir de forma considerable estos peligros.
Por eso, cada vez que se produce una muerte relacionada con alguno de estos riesgos, conviene reflexionar sobre qué mecanismos de control dejaron de funcionar y qué decisiones podrían haberse tomado antes para evitar el desenlace.
Hablar de prevención no consiste únicamente en analizar lo ocurrido después de una tragedia. También implica aprender de ella para evitar que vuelva a repetirse.
Detrás de muchos accidentes mortales no suele existir una única causa ni una fatalidad inevitable. Con frecuencia encontramos una sucesión de pequeñas decisiones, omisiones, errores o controles insuficientes que, acumulados en el tiempo, terminan generando consecuencias irreparables.
La prevención eficaz consiste precisamente en detectar esos fallos antes de que se alineen. Porque cuando las medidas preventivas funcionan correctamente, la noticia nunca llega a publicarse.