Embarazo y trabajo: la organización del trabajo también cuenta
Cuando hablamos de proteger a una trabajadora embarazada, durante mucho tiempo la atención se ha puesto principalmente en las exposiciones a agentes químicos, biológicos o físicos. Son riesgos importantes, por supuesto, pero hoy tenemos una visión más amplia.
La evidencia científica está mostrando que la forma en la que se organiza el trabajo también puede influir en el bienestar de la mujer durante el embarazo. La duración de la jornada, los turnos, los horarios cambiantes o determinadas condiciones de empleo pueden tener un impacto que no siempre se detecta cuando la evaluación se centra únicamente en los riesgos tradicionales del puesto.
Un ejemplo reciente lo encontramos en un estudio realizado dentro del Japan Environment and Children’s Study (JECS), uno de los grandes proyectos de investigación sobre salud maternoinfantil. Los investigadores siguieron a más de 43.000 mujeres que continuaban trabajando durante el primer trimestre del embarazo y analizaron si determinadas características de su trabajo podían estar relacionadas con su calidad de vida física y mental a medida que avanzaba la gestación.
Los resultados son interesantes porque apuntan a una cuestión que en prevención conocemos bien: no basta con saber qué profesión desempeña una persona; hay que conocer en qué condiciones la desarrolla.
Las mujeres que trabajaban 51 horas semanales o más mostraron una peor percepción de su estado físico durante el segundo y tercer trimestre. También se observaron peores resultados entre quienes realizaban cinco o más turnos al mes. Cuando coincidían las jornadas prolongadas y el trabajo a turnos, la relación era todavía más marcada.
Las diferencias no fueron especialmente grandes a nivel individual, pero los propios autores señalan que pequeñas variaciones pueden adquirir relevancia cuando hablamos de poblaciones laborales amplias.
También resulta significativo que el tipo de empleo mostrara cierta relación con la calidad de vida, mientras que el grupo ocupacional no presentara diferencias significativas. Esto refuerza una idea sencilla: el nombre del puesto no siempre explica las condiciones reales de trabajo.
Pensemos, por ejemplo, en dos auxiliares de enfermería que tienen la misma categoría profesional. Una puede trabajar siempre en horario diurno, con una carga física moderada y un ritmo estable, mientras que la otra puede encadenar turnos, noches y jornadas especialmente exigentes. Sobre el papel ocupan el mismo puesto; en la práctica, las condiciones de trabajo son muy diferentes.
Y es precisamente ahí donde debe entrar la prevención.
La investigación disponible también ha encontrado asociaciones entre las jornadas prolongadas, el trabajo nocturno y los turnos rotatorios y determinados resultados adversos del embarazo. Una revisión sistemática publicada en American Journal of Obstetrics & Gynecology, realizada por Cai y colaboradores, relacionó estas condiciones con un mayor riesgo de parto prematuro, alteraciones del crecimiento fetal y trastornos hipertensivos del embarazo.
Los resultados deben interpretarse con prudencia y teniendo en cuenta que el aumento del riesgo individual no siempre es elevado. Sin embargo, la frecuencia con la que existen jornadas extensas y trabajo a turnos en determinados sectores hace que sea un aspecto que no deberíamos pasar por alto desde la salud laboral.
En cuanto al aborto espontáneo, la revisión de Bonde et al., publicada en Scandinavian Journal of Work, Environment & Health, también encontró indicios que merecen atención. Sus conclusiones señalaban especialmente el trabajo nocturno como el factor organizativo con una evidencia más consistente, mientras que las jornadas muy largas y determinadas cargas físicas también justifican una valoración preventiva, sobre todo cuando concurren otros factores de riesgo.
Otro aspecto que está adquiriendo importancia es el ritmo circadiano. El trabajo nocturno altera los horarios habituales de sueño y descanso y puede dificultar la recuperación del organismo. Algunas revisiones científicas apuntan a que estas alteraciones podrían ayudar a explicar parte de la relación observada entre el trabajo nocturno y determinadas complicaciones durante el embarazo.
Pero la prevención no puede quedarse únicamente en lo físico.
Durante el embarazo también hay que prestar atención a los riesgos psicosociales. Las elevadas demandas de trabajo, la presión asistencial, la falta de autonomía o las dificultades para compatibilizar la vida laboral y familiar pueden afectar al bienestar de la trabajadora. Todavía queda investigación por hacer para determinar con mayor precisión el alcance de estos efectos, pero cada vez resulta más difícil hablar de protección durante el embarazo sin tenerlos en cuenta.
Desde una perspectiva preventiva, todo esto tiene una consecuencia muy clara: adaptar un puesto durante el embarazo no consiste únicamente en eliminar una exposición peligrosa.
También puede ser necesario revisar los horarios, evitar jornadas excesivamente largas, valorar la posibilidad de modificar determinados turnos y analizar las exigencias físicas y psicosociales del puesto. Y, sobre todo, hacerlo teniendo en cuenta las circunstancias concretas de cada trabajadora.
La normativa de prevención ya establece la necesidad de adaptar las condiciones de trabajo cuando exista un riesgo para una trabajadora embarazada. La evidencia científica nos ayuda a ampliar la mirada y a entender que ese riesgo no siempre está asociado a un agente físico, químico o biológico. En ocasiones está en cómo está organizado el trabajo.
Por eso, una buena evaluación de riesgos durante el embarazo debería ir más allá de una lista de agentes o tareas potencialmente peligrosas. Hay que mirar la jornada, los turnos, los ritmos de trabajo, las exigencias físicas, la recuperación y también los factores psicosociales.
En definitiva, proteger a una trabajadora embarazada no significa únicamente prevenir una posible complicación. Significa también favorecer que pueda continuar desarrollando su actividad en unas condiciones compatibles con su salud y su bienestar durante la gestación.
Y para conseguirlo, quizá tengamos que dejar de preguntarnos solamente “¿a qué riesgos está expuesta?” y empezar a preguntarnos también:
“¿Cómo está organizado su trabajo y qué podemos adaptar?”