La conciencia preventiva en nuestra sociedad sigue siendo baja. En Geseme, desde nuestra experiencia en materia de sensibilización en PRL llegamos a la conclusión de que, para avanzar con éxito, la prevención de riesgos laborales debe trabajarse desde la infancia. Y es que no hace falta esperar a la edad adulta para adquirir hábitos seguros y saludables. La PRL debería formar parte de la educación de los más pequeños. Quizás así, los niños del presente sean, en el futuro, directivos y personal empleado comprometidos con la prevención de riesgos laborales.
Los educadores (familia, profesores, etc..) pueden ayudar a preparar a los más pequeños para que cuando lleguen a la época adulta puedan disfrutar de un trabajo más saludable y seguro.
– Seguir unas indicaciones a la hora de practicar determinadas actividades (escalar, trepar, etc..)
– Hacer uso de material específico como guantes, casco o protecciones para ir en patinete, bici, etc..
– Formación vial: Conocer las normas de básicas de circulación y el por qué de esas normas.
– Conocer los peligros en situaciones de juego: Inflamabilidad de juguetes, ingestión de objetos, informarles de los peligros que tiene la electricidad, etc.
– Conocer los riesgos en la naturaleza: Animales, plantas tóxicas, etc..
– Exposición a situaciones extremas de frío o calor.
– Conocer las señalizaciones de seguridad básica.
– Riesgos ergonómicos: Ergonomía física y visual.
En este sentido es importante cuidar la salud emocional de los más pequeños y enseñarles a entender y expresar sus emociones. Asimismo, es clave enseñarles técnicas para mindfulness y relajación para evitar respuestas en “modo automático” que nos hacen vulnerables ante el estrés, la ansiedad y la reactividad emocional.
Puede parecer temprano o incluso complejo el introducir estos aspectos entre los más pequeños. Sin embargo, si desde edades tempranas formamos y resaltamos la importancia de la prevención de riesgos laborales lo más probable es que de adultos entiendan la importancia de la PRL.