Teletrabajo y salud: los nuevos retos de la prevención en la organización del trabajo


El teletrabajo ya forma parte de la organización habitual del trabajo

El teletrabajo ha pasado, en pocos años, de ser una opción minoritaria a formar parte de la organización habitual del trabajo en muchos sectores. Ha aportado ventajas claras: menos desplazamientos, mayor flexibilidad y, en determinadas situaciones, mejores posibilidades para conciliar la vida laboral y personal.

Pero también ha cambiado el escenario en el que se desarrolla la actividad laboral. Y eso obliga a la prevención a adaptarse.

El problema no es el teletrabajo en sí. Lo importante es cómo se organiza, qué medios se ponen a disposición de las personas trabajadoras y qué límites existen entre el tiempo de trabajo y el tiempo de descanso.

¿Qué problemas de salud se están observando?

Un estudio realizado con 446 profesionales del sector tecnológico en India analizó cómo el trabajo remoto prolongado estaba afectando a la salud física y psicológica de las trabajadoras. Uno de los datos más llamativos es que el 96 % de las participantes manifestó haber experimentado algún problema de salud mientras trabajaba desde casa.

Las molestias físicas fueron las más frecuentes. Destacaron especialmente las cefaleas, la fatiga y los problemas musculoesqueléticos, sobre todo el dolor cervical y lumbar. Entre los problemas relacionados con la salud mental aparecieron principalmente la ansiedad y, en menor medida, la depresión.

Los resultados proceden de un colectivo concreto y no pueden trasladarse automáticamente a toda la población trabajadora, pero sí coinciden con problemas descritos en otras investigaciones y que resultan conocidos desde el ámbito de la prevención.

Cuando la casa se convierte en oficina

Uno de los problemas más habituales del teletrabajo tiene que ver con algo tan básico como el puesto de trabajo.

En casa no siempre disponemos de una mesa, una silla o una pantalla colocadas de acuerdo con criterios ergonómicos. En ocasiones se trabaja desde el sofá, la mesa del comedor o con el portátil apoyado durante horas en una posición poco adecuada.

El problema aparece cuando estas soluciones provisionales se convierten en el puesto habitual y se mantienen posturas estáticas durante buena parte de la jornada.

La revisión de Oakman et al. (2020) señaló el aumento del sedentarismo, la reducción de la actividad física y la aparición de molestias musculoesqueléticas durante el teletrabajo en el contexto de la pandemia, especialmente cuando las condiciones ergonómicas del domicilio no eran adecuadas.

En una línea similar, Buomprisco et al. (2021) identificaron problemas como fatiga, dolor de espalda, molestias visuales y determinadas alteraciones psicológicas entre trabajadores que desarrollaban su actividad a distancia.

La ergonomía, por tanto, no desaparece porque el trabajador esté fuera de la oficina. El puesto sigue existiendo, aunque esté dentro de una vivienda.

El problema de estar siempre conectado

Hay otro riesgo menos visible, pero que puede acabar teniendo un impacto importante: la dificultad para terminar realmente la jornada.

Correo electrónico, aplicaciones de mensajería, plataformas colaborativas y reuniones online permiten trabajar desde prácticamente cualquier lugar y a cualquier hora. Precisamente por eso, es fácil que el horario laboral termine extendiéndose.

El estudio mencionado anteriormente encontró una relación especialmente clara entre el aumento de las horas de trabajo y los problemas de salud percibidos por las participantes.

No se trata únicamente de trabajar más tiempo. También importa no tener un momento claro en el que el trabajo termina.

Cuando el móvil sigue recibiendo mensajes y el ordenador está a pocos metros, desconectar mentalmente puede resultar mucho más complicado.

Aquí aparece el concepto de tecnoestrés, estudiado, entre otros, por Tarafdar y colaboradores. El uso intensivo de la tecnología puede generar sobrecarga de información, presión por mantenerse al día con nuevas herramientas y una sensación de disponibilidad continua.

La tecnología debería ayudarnos a trabajar mejor. Cuando termina ocupando también nuestro tiempo de descanso, hay algo en la organización que conviene revisar.

¿Hay aspectos que pueden afectar de forma diferente a mujeres y hombres?

El teletrabajo puede afectar a cualquier persona y no debería plantearse como un problema exclusivo de las mujeres. Sin embargo, existe un factor que merece atención cuando analizamos posibles diferencias: la distribución de las tareas domésticas y de cuidados.

Los informes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y de ONU Mujeres han puesto de manifiesto que las mujeres siguen asumiendo una mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

Cuando el domicilio es, al mismo tiempo, vivienda, lugar de trabajo y espacio en el que se desarrollan estas responsabilidades, las fronteras entre unas actividades y otras pueden desaparecer.

Esto puede traducirse en jornadas más largas y en menos tiempo de recuperación. Pero la cuestión debe abordarse como un factor adicional dentro de la organización del trabajo, no como una característica inherente al teletrabajo femenino.

El teletrabajo también puede aportar ventajas importantes en materia de conciliación y autonomía. El problema aparece cuando la flexibilidad se convierte en disponibilidad permanente o cuando se da por hecho que trabajar desde casa permite atender simultáneamente las obligaciones laborales, familiares y domésticas.

¿Qué puede hacer la prevención?

El cambio de escenario obliga también a adaptar las estrategias preventivas.

Si una persona trabaja habitualmente desde su domicilio, la evaluación de riesgos debe contemplar las condiciones en las que desarrolla su actividad. La ergonomía sigue siendo importante, pero no es el único aspecto que debemos valorar.

También hay que prestar atención a cuestiones como la carga y duración de la jornada, las pausas y los tiempos de recuperación, la desconexión digital, la organización de las reuniones y comunicaciones, la autonomía para organizar el trabajo y la carga mental y los factores psicosociales.

Muchas de las medidas necesarias no son especialmente complejas. Disponer de un equipamiento adecuado, ofrecer formación sobre ergonomía y hábitos posturales, favorecer las pausas activas, evitar reuniones innecesarias y establecer unas reglas claras sobre la comunicación fuera del horario laboral pueden marcar una diferencia importante.

También es fundamental que la empresa no confunda flexibilidad con disponibilidad. Tener libertad para organizar parte del trabajo no debería significar estar conectado durante todo el día.

El teletrabajo no es el problema; cómo lo organizamos sí puede serlo

El trabajo híbrido y a distancia probablemente seguirán formando parte de nuestro mercado laboral. Por eso, el objetivo de la prevención no debería ser simplemente trasladar los riesgos de la oficina al domicilio, sino aprender a gestionar estos nuevos escenarios.

El teletrabajo puede aportar autonomía, flexibilidad y mejores posibilidades de conciliación. Pero para que esas ventajas se mantengan, tiene que existir una organización que respete los tiempos de trabajo y de descanso y que proporcione unas condiciones adecuadas para desarrollar la actividad.

La prevención tiene aquí un papel claro: conseguir que la flexibilidad sea realmente una herramienta de bienestar y no una forma de prolongar la jornada laboral sin límite.

Trabajar desde casa cambia el lugar donde trabajamos. Pero no debería cambiar nuestro derecho a trabajar en condiciones saludables.