Altas capacidades: Retos y riesgos laborales para profesionales con características especiales


Cada vez más, las organizaciones son más conscientes de las ventajas de apostar por una plantilla en la que la diversidad de talentos, perfiles y habilidades sea vista como un motor de innovación, creatividad y éxito,

Sin embargo, hay un grupo de individuos cuyo potencial frecuentemente pasa desapercibido: las personas con altas capacidades y/o alta sensibilidad

¿Qué significa tener altas capacidades y cómo puede afectar en el entorno laboral?

Tanto las personas con altas capacidades intelectuales (AC) como las personas con alta sensibilidad (PAS) se enfrentan a desafíos que pueden afectar su salud mental, emocional y profesional.

¿Qué son las Altas Capacidades?

Las personas con altas capacidades intelectuales (AC) se caracterizan por tener un rendimiento cognitivo significativamente superior a la media.

Generalmente son personas que aprenden rápidamente, que tienen facilidad para pensar de manera abstracta y/o resolver problemas complejos y suelen ser curiosos e inquietos desde el punto de vista intelectual.

A pesar de ello, ser una persona con altas capacidades no siempre se traduce en éxito automático en el ámbito laboral y son varios los desafíos a los que se enfrentan a diario en el entorno laboral.

¿Por qué muchas veces las altas capacidades se relacionan con alta sensibilidad?

Las altas capacidades a menudo se relacionan con la alta sensibilidad debido a que ambas características comparten algunas bases neuropsicológicas y emocionales que se refuerzan mutuamente.

¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrentan las personas con altas capacidades en el ámbito laboral?

Subestimación de habilidades:

Cuando este tipo de personas trabajan en roles que no se ajustan a sus capacidades, pueden desmotivarse fácilmente y sufrir lo que se conoce como sobrecarga cognitiva y emocional. Y es que las personas con altas capacidades pueden tener una mayor sobrecarga emocional debido a su sensibilidad a los estímulos emocionales y sociales.

Falsas expectativas:

Las expectativas de este tipo de personas suelen ser altas tanto en lo que respecte a ellos mismos como a las personas de su entorno. Cuando estas expectativas no se cumplen, pueden sentirse frustrados.

Aislamiento:

No siempre es así, pero en muchos casos las personas con altas capacidades tienen intereses muy específicos que pueden hacer más complejo el que puedan establecer relaciones o conectar fácilmente con sus compañeros.

Además, algunas personas con altas capacidades prefieren la soledad debido a su tendencia a disfrutar de actividades intelectuales solitarias.

Si bien cada persona es única y las experiencias pueden variar ampliamente según el contexto y el individuo, diferentes estudios respaldan la idea de que las personas con altas capacidades pueden tener problemas para establecer relaciones sociales en general ya que les resulta más difícil interpretar ciertas dinámicas sociales. A medida que las personas con altas capacidades maduran, desarrollan habilidades para manejar estas diferencias sociales, pero pueden seguir experimentando dificultades para integrarse en equipos de trabajo o en entornos profesionales.

Síndrome del impostor:

Paradójicamente, muchas personas con altas capacidades sufren del síndrome del impostor y dudan de sus habilidades, o incluso pueden ocultar su talento a propósito intentando pasar desapercibidos y recurriendo al “masking” una manera de actuar para ser socialmente aceptables.

 ¿Cómo solucionar estos desafíos desde la perspectiva de prevención de riesgos laborales?

Reconoce y aprovecha el talento: Los responsables de RRHH y líderes de la organización deben identificar las fortalezas de cada persona que forme parte del equipo de trabajo y esto incluye el reconocer las altas capacidades y ofrecerles oportunidades laborales que permitan aprovechar estas capacidades.

Reconoce necesidades específicas: En este blog ya hemos hablado en numerosas ocasiones sobre la importancia de fomentar una cultura laboral diversa e inclusiva en la que todo el mundo tenga cabida. Esto, por supuesto, incluye el reconocer que este tipo de personas pueden tener necesidades específicas. Por ejemplo, pueden tener una mayor necesidad de crecer profesionalmente y requerir mayor formación o pueden tener necesidades especiales por su sensibilidad (trabajar solas, en un entorno sin ruido…).

Aborda el síndrome del impostor: Evitar la tendencia que muchas de estas personas tienen a dudar de sus habilidades. Para ello es importante que reciban retroalimentación y reconocimiento sobre su trabajo.

Ofrece flexibilidad: Permitir flexibilidad en las condiciones laborales puede ser de gran ayuda para facilitar que puedan adaptar sus necesidades de trabajo como, por ejemplo, trabajando en remoto.

Fomenta el aprendizaje continuo: Las personas con altas capacidades suelen prosperar cuando tienen oportunidades de crecer. Si desde la empresa existe una cultura que fomente el aprendizaje continuo este tipo de personas podrán expandir mejor sus conocimientos y habilidades.

Ofrece apoyo a la salud mental: El cuidado de la salud mental es un pilar clave en cualquier organización y las personas con altas capacidades igual que el resto de sus compañeros pueden beneficiarse de aquellos recursos que la organización destine para el cuidado de la salud mental.

El éxito de las personas con altas capacidades en el lugar de trabajo requiere un esfuerzo conjunto de empleadores y empleados. Al reconocer sus habilidades únicas, crear un entorno de apoyo y abordar los desafíos de manera directa, nosotros, las empresas pueden ayudar a este tipo de personas a alcanzar su máximo potencial y a que puedan hacer así importantes contribuciones a la organización.

 

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