El gas radón es invisible, no tiene olor ni sabor, pero es una de las amenazas ambientales más graves para la salud en interiores. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la exposición prolongada al radón es la segunda causa de cáncer de pulmón después del tabaco.
En los lugares de trabajo, donde pasamos entre 8 y 10 horas al día, la acumulación de este gas puede multiplicar los riesgos si no se mide ni controla adecuadamente.
El radón se genera en el subsuelo por la desintegración natural del uranio en rocas y suelos. Cuando lo inhalamos, sus partículas radiactivas se depositan en los pulmones y comienzan a dañar las células. El problema no es inmediato, sino acumulativo: el daño se produce lentamente, pero puede ser letal. Hablamos de problemas de salud graves como cáncer de pulmón, problemas respiratorios crónicos (bronquitis crónica, tos persistente y dificultad respiratoria) y en fases más avanzadas de exposición tos continua, dolor torácico, fatiga, infecciones respiratorias recurrentes y, en casos graves, hemoptisis (sangre al toser).
Dato clave: en España se estima que el radón es responsable de más de 1.500 muertes por cáncer de pulmón cada año.
Un diseño visual simple y claro que acompañe el artículo. Te propongo los pasos:
¿Está mi espacio de trabajo en una zona donde es obligatorio medir el gas radón? ¿Cómo puedo saber si mi centro de trabajo se encuentra en un área afectada por gas radón?”
El Consejo de Seguridad Nuclear ha publicado el listado oficial de municipios por nivel de prioridad radón. Los municipios que aparecen clasificados como Zona 2.
Si tu actividad laboral se desarrolla en plantas bajas o espacios situados bajo rasante (como sótanos o semisótanos) y el municipio donde te encuentras está clasificado como Zona 2, estás obligado a realizar mediciones de gas radón en el aire interior.
Ten en cuenta que esta obligación no afecta a los espacios de tránsito o de ocupación esporádica, siempre que la permanencia de cada trabajador o trabajadora en dichos lugares no supere las 50 horas al año.
Debes encargar el estudio a un laboratorio acreditado conforme a la norma UNE-EN ISO/IEC 17025.
Además, tendrás que asegurarte de que incluya las siguientes acciones:
Recuerda que
Existen varias medidas técnicas que debes considerar e implantar según las características de tu edificio.
La primera medida es la barrera de protección, un elemento que impide el paso del gas desde el terreno hacia el interior. Debes asegurarte de que sea continua, sin fisuras, con juntas y pasos de instalaciones correctamente sellados. En el caso de puertas o accesos, deberán ser estancos y con cierre automático.
Esta barrera debe ser duradera, adaptada a la vida útil del edificio, y su colocación requiere un control riguroso de la ejecución para garantizar su eficacia. Si trabajas en un edificio existente y no es viable instalar una barrera completa, al menos deberás sellar grietas y juntas para reducir las entradas de radón.
Otra estrategia es crear un espacio de contención ventilado, como una cámara de aire bajo el suelo o junto a los muros en contacto con el terreno. Este espacio debe estar bien comunicado con el exterior mediante aberturas o, en caso necesario, sistemas de ventilación mecánica. Su objetivo es que el gas quede confinado y se evacúe al exterior sin llegar a los locales ocupados.
Se trata de instalar tubos perforados y sistemas de extracción mecánica que generen presión negativa bajo la edificación, evitando que el gas ascienda al interior.
Además de informar al personal empleado sobre los resultados de las mediciones, todas las medidas que lleves a cabo para reducir la exposición al gas radón deberás integrarlas en el plan de evaluación de riesgos laborales de tu organización. Además, tendrás que realizar un mantenimiento periódico y hacer un seguimiento con mediciones posteriores. De este modo, aseguras tanto la salud de tus empleados como el cumplimiento legal en materia de prevención.
El radón no se ve ni se huele, pero puede ser letal. En los lugares de trabajo, donde se acumulan muchas horas de exposición, la prevención es clave. Medir, actuar y proteger son los tres pilares que garantizan un entorno laboral seguro y saludable.