Calor extremo en el trabajo: un riesgo laboral que va mucho más allá del golpe de calor


Cuando hablamos de trabajar bajo altas temperaturas, es habitual pensar en el golpe de calor, la deshidratación o el agotamiento físico. Sin embargo, el calor extremo puede tener consecuencias mucho más importantes para la salud del personal empleado de las que tradicionalmente se han tenido en cuenta.

En los últimos años, la evidencia científica ha empezado a demostrar que la exposición prolongada a temperaturas elevadas también incrementa el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares y cerebrovasculares. Una realidad que cobra especial relevancia en un contexto en el que las olas de calor son cada vez más frecuentes, intensas y prolongadas.

El calor también pone a prueba el sistema cardiovascular

Un estudio presentado recientemente en el Congreso de la Asociación Europea de Cardiología Preventiva (EAPC), en el que se analizó la evolución de más de ocho millones de personas durante una década, aporta datos que invitan a reflexionar.

Los investigadores observaron que durante los episodios de calor extremo los eventos cardiovasculares mayores aumentaban un 7,5 %, mientras que la mortalidad por estas causas se incrementaba un 9,5 %.

Estos resultados confirman que el impacto del calor no se limita a provocar un malestar pasajero o una pérdida de rendimiento. La sobrecarga que soporta el organismo cuando intenta regular su temperatura puede llegar a comprometer el funcionamiento del sistema cardiovascular, especialmente cuando concurren otros factores de riesgo.

¿Qué supone esto para la salud laboral?

Desde la prevención de riesgos laborales, este tipo de estudios refuerza la necesidad de ampliar la mirada sobre el estrés térmico.

Los trabajadores que desarrollan su actividad al aire libre o en ambientes especialmente calurosos —como ocurre en la construcción, la agricultura, la industria, la logística o determinados procesos productivos— están sometidos a un esfuerzo adicional que no siempre resulta visible.

La pérdida de líquidos, el aumento de la temperatura corporal y la mayor exigencia que soporta el corazón para mantener la circulación sanguínea pueden favorecer situaciones de riesgo. Aunque las personas con patologías cardiovasculares previas son las más vulnerables, ningún trabajador está completamente exento cuando las condiciones ambientales alcanzan niveles extremos.

Prevenir el calor también es proteger el corazón

En muchas ocasiones las medidas preventivas frente al calor se asocian exclusivamente a evitar un golpe de calor. Sin embargo, su alcance es mucho mayor.

Nuestra experiencia en prevención de riesgos laborales nos demuestra que una adecuada planificación del trabajo durante los meses de verano reduce significativamente la exposición al estrés térmico y ayuda a proteger la salud de los trabajadores.

Algunas actuaciones que conviene reforzar son las siguientes:

  • Adapta los horarios de trabajo. Evita, siempre que sea posible, las horas de mayor temperatura para reducir la exposición al calor.
  • Organiza pausas frecuentes. Facilita la recuperación del organismo habilitando zonas frescas, climatizadas o con sombra.
  • Favorece una hidratación continua. Anima a beber agua de forma regular, sin esperar a que aparezca la sensación de sed.
  • Reduce la intensidad de las tareas físicas. Ajusta la carga de trabajo cuando las condiciones ambientales sean especialmente exigentes.
  • Identifica a las personas especialmente vulnerables. Presta una atención específica a quienes presentan enfermedades cardiovasculares, toman determinada medicación o tienen otros factores de riesgo.

Un reto que seguirá creciendo

Todo apunta a que las olas de calor serán cada vez más habituales como consecuencia del cambio climático. Esto obliga a las organizaciones a incorporar el riesgo por estrés térmico dentro de sus estrategias preventivas de forma mucho más decidida.

Porque proteger a los trabajadores frente al calor ya no consiste únicamente en evitar un golpe de calor o un episodio de agotamiento. La evidencia científica nos recuerda que también estamos contribuyendo a prevenir problemas cardiovasculares graves, incluidos los accidentes cerebrovasculares, y a crear entornos de trabajo más seguros y saludables para todos.