Durante años, el desgaste emocional en el trabajo se normalizó bajo etiquetas como estrés, alta exigencia o momentos puntuales. Pero hoy en día el burnout se ha convertido en uno de los principales riesgos psicosociales del entorno laboral actual y afecta prácticamente a todos los sectores. Podemos decir que hoy en día, se trata de una crisis estructural que refleja cómo se organiza el trabajo, cómo se lidera y cómo se cuida —o no— a las personas.
Tradicionalmente, el burnout se asociaba a profesiones del sector sanidad o educación. Sin embargo, hoy afecta también a:
Tecnología y sectores digitales
Servicios financieros y consultoría
Industria y logística
Comercio y atención al cliente
Administración pública
Startups y pymes
y no solo afecta a diferentes sectores sino que también afecta a diferentes cargos: Directivos, mandos intermedios, personal técnico, operativos y perfiles junior comparten una realidad común: sobrecarga, presión constante y escaso margen de recuperación.
La digitalización y la hiperconectividad han propiciado el “estar siempre disponible” algo que se ha convertido en una de las principales fuentes de desgaste.
Cuando las personas no tienen capacidad de decisión sobre su trabajo, sus horarios o la forma de organizarse, el estrés se intensifica y se cronifica.
Estilos de liderazgo basados en el control, la urgencia permanente o la falta de reconocimiento tienen un impacto directo en la salud mental del personal empleado.
Muchas personas viven en un clima de alerta permanente ya sea por cambios en la organización, incertidumbre económica ,etc.. vivir en alerta acaba afectando al bienestar psicológico.
El “estar estresado”, el “no parar” o el “estoy agotado” se han convertido en expresiones “normales”, es decir se ha normalizado el estar estresado. Esta normalización hace que el problema no se perciba como tal.
Los datos para España superan estos porcentajes. España lidera los niveles de estrés laboral en Europa, según la encuesta OSH Pulse 2025 con un 40 % de empleados españoles que atribuye al trabajo problemas de ansiedad o depresión, frente al 29 % de la media europea.
De este modo, España se sitúa entre los países de la UE con peores niveles de bienestar psicológico relacionado con el trabajo, superada únicamente por Grecia, Finlandia, Chipre y Polonia.
Al margen del estrés, una proporción importante de trabajadores en España experimenta problemas físicos y mentales que se pueden relacionar directamente con el trabajo y el grado de estrés al que deben enfrentarse a diario. El 45 % siente “una fatiga constante”, el 42 % sufre “dolores de cabeza o vista cansada” y el 37 % “molestias musculares u óseas”, todas estas cifras superan la media en Europa.
Estos datos hacen pensar que las empresas no se comprometen lo suficiente con la prevención de los riesgos psicosociales. En España, casi uno de cada dos trabajadores se siente sobrecargado: el 49 % mientras que en Europa, lo hace una de cada cuatro personas trabajadoras, el 44 %. Además, en nuestro país solo el 34 % considera que su empresa toma en cuenta su punto de vista sobre los riesgos para la salud mental, muy por debajo de la media europea, el 45 %, y lejos de los países de referencia, como Alemania, el 65 %.
A esto se suma una baja implantación del apoyo psicológico en el entorno laboral. Solo el 28% de los empleados en España cuenta con este recurso en su empresa, frente al 40% en la UE y el 78% en Finlandia. Pero es que la cultura del bienestar psicológico no solo tiene poco peso en las organizaciones sino que los propios trabajadores tampoco creen en ello. En España, el 54% de los trabajadores teme que reconocer un problema de salud mental perjudique su carrera profesional y tampoco somos un país de “ir mucho al psicólogo”, aunque en los últimos años las cosas están cambiando, España sigue siendo un país con poca cultura de acudir al psicólogo,
En cualquier caso, el objetivo para muchas organizaciones debe ser el evitar que el estrés siga normalizándose, porque nada más lejos de la realidad, es un punto negro para cualquier empresa que busque la eficiencia. Estrés va de la mano de más absentismo, menor productividad y un mayor desgaste del talento.