Hablar de absentismo laboral ya no es hablar únicamente de personas que no acuden a su puesto de trabajo. En los últimos años se ha convertido en uno de los principales retos para las empresas, las administraciones y los profesionales de la prevención. Su impacto económico es importante, pero limitar el análisis a lo que el absentismo supone a nivel de costes sería quedarse solo en la superficie del problema.
Las cifras reflejan una realidad que no podemos pasar por alto. Durante 2025 el absentismo volvió a marcar máximos en España. Cada día, entre 1,6 y 1,7 millones de personas estuvieron ausentes de su puesto de trabajo, y el coste que esto supone para las empresas y para el sistema de Seguridad Social supera ya los 33.000 millones de euros al año. Son datos que invitan a reflexionar, pero también a preguntarnos qué está ocurriendo detrás de esas cifras.
Con frecuencia se habla del absentismo como un problema de gestión, de control o incluso de compromiso por parte de los trabajadores. Sin embargo, quienes trabajamos en el ámbito de la salud laboral sabemos que la realidad suele ser bastante más compleja.
Una baja laboral rara vez responde a una única causa. En muchos casos es el resultado de la combinación de diferentes factores que se acumulan con el tiempo. El aumento de los problemas de salud mental, la elevada incidencia de los trastornos musculoesqueléticos, el envejecimiento de la población trabajadora, la presión que soporta el sistema sanitario o las dificultades para conciliar la vida laboral y personal forman parte de un cóctel que favorece el incremento de las incapacidades temporales.
Por eso conviene cambiar la perspectiva. El absentismo no debería interpretarse únicamente como un indicador de ausencias, sino como una señal de que existen problemas que afectan a la salud y al bienestar de las personas, tanto dentro como fuera del entorno laboral.
Uno de los cambios que más llama la atención en los últimos años es el aumento de las bajas entre los trabajadores menores de 35 años.
Hasta hace relativamente poco, las incapacidades temporales se asociaban principalmente a trabajadores de mayor edad o con un mayor desgaste físico acumulado. Sin embargo, los datos actuales rompen con esa idea. Mientras las bajas en los grupos de mayor edad mantienen una evolución relativamente estable, entre los trabajadores jóvenes el incremento ha sido especialmente acusado, con estimaciones que sitúan el crecimiento por encima del 160 % en los últimos años.
Resulta inevitable preguntarse por qué ocurre esto si, en términos generales, se supone que las personas más jóvenes cuentan con unas mejores condiciones de salud física.
La respuesta probablemente no esté en un único factor. La incertidumbre laboral, la dificultad para acceder a una vivienda, la presión económica, la hiperconectividad, el estrés, los problemas relacionados con la salud mental o unas expectativas distintas sobre la relación con el trabajo parecen formar parte de una misma realidad. Todo ello influye en cómo las personas afrontan su vida laboral y en su capacidad para mantener un adecuado equilibrio entre trabajo, salud y bienestar.
El debate sobre el absentismo suele estar muy polarizado.
Desde el ámbito empresarial se insiste en el impacto que tiene sobre la productividad y la competitividad. Las organizaciones sindicales recuerdan que la mayoría de las bajas responden a problemas reales de salud. Los profesionales sanitarios alertan de la sobrecarga asistencial, mientras que las empresas deben reorganizar equipos y asumir costes cada vez mayores.
Lo cierto es que todas estas perspectivas tienen parte de razón.
Sentimos decirte, querido lector, que el absentismo es un fenómeno claramente multifactorial y, precisamente por eso, no existen soluciones simples. Nuestra experiencia trabajando en la Gestión del Absentismo Laboral nos demuestra cada día que detrás de una baja laboral rara vez existe una única causa.
Ni un mayor control resolverá el problema por sí solo, ni bastará con aumentar los recursos sanitarios si no se actúa también sobre las condiciones de trabajo y sobre aquellos factores que deterioran la salud de las personas.
Las organizaciones que están obteniendo mejores resultados comparten una característica: han dejado de centrar todos sus esfuerzos en gestionar las bajas una vez aparecen y han comenzado a intervenir sobre las causas que las originan.
A lo largo de nuestro trabajo con organizaciones de distintos sectores hemos podido constatar que las medidas que mejores resultados ofrecen y que puedes aplicar en tu organización son las siguientes:
Quizá la cuestión no sea únicamente por qué aumenta el absentismo, sino qué nos está indicando ese incremento.
Detrás de cada baja existe una persona con unas circunstancias concretas, una organización con una determinada forma de trabajar y un contexto social que también condiciona la salud.
Cuando los niveles de absentismo alcanzan cifras históricas, el mensaje va mucho más allá de unas estadísticas. Nos está recordando que todavía queda mucho por hacer para crear entornos laborales capaces de proteger la salud física y mental de quienes trabajan en ellos.
Reducir las ausencias es un objetivo legítimo, pero probablemente la verdadera meta sea otra: construir organizaciones donde las personas puedan desarrollar su trabajo en condiciones saludables, sostenibles y compatibles con una buena calidad de vida. Si se consigue eso, el descenso del absentismo será una consecuencia natural, no el único objetivo.