¿Puede el trabajo proteger nuestro corazón? La salud cardiovascular también se previene desde la organización del trabajo


Cuando hablamos de salud cardiovascular pensamos casi de forma automática en la hipertensión, la diabetes, el tabaco, el sobrepeso o la falta de ejercicio. Son factores de riesgo conocidos y sobre los que se ha trabajado mucho desde el ámbito de la prevención.

Pero hay otro factor que ocupa una parte importante de nuestra vida y que, en ocasiones, queda en segundo plano: el trabajo.

Durante los últimos años, la investigación ha ido dejando cada vez más claro que determinadas condiciones laborales pueden aumentar el riesgo cardiovascular. Y también empieza a cobrar fuerza la idea contraria: un trabajo bien organizado, con unas condiciones psicosociales adecuadas y un liderazgo saludable, puede contribuir a proteger la salud.

Esta es precisamente una de las cuestiones que aborda la revisión de Susan E. Peters y colaboradores, publicada en Cardiology Clinics bajo el título Healthy Work, Healthy Heart? The Role of Job Characteristics in Promoting Heart Health. El trabajo revisa la evidencia disponible para analizar hasta qué punto las características y la organización del trabajo pueden influir en la salud cardiovascular.

No todo depende de los hábitos personales

Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo una de las principales causas de mortalidad en todo el mundo. La prevención se ha centrado tradicionalmente en cuestiones como dejar de fumar, mejorar la alimentación, hacer ejercicio o reducir el consumo de alcohol.

El problema es que estos hábitos no siempre dependen exclusivamente de una decisión individual.

Las condiciones en las que trabajamos pueden facilitar o dificultar que mantengamos unos hábitos saludables. No es lo mismo intentar descansar, hacer ejercicio o llevar una alimentación equilibrada con un horario estable que hacerlo cuando se encadenan turnos rotatorios, jornadas de doce horas o periodos de elevada presión laboral.

Desde la Prevención de Riesgos Laborales, esto supone ampliar la mirada. El trabajo no debe analizarse únicamente como una posible fuente de accidentes o enfermedades profesionales. También puede influir en problemas de salud que se desarrollan a largo plazo, entre ellos las enfermedades cardiovasculares.

La organización del trabajo también puede generar riesgo

Cuando pensamos en riesgos laborales solemos imaginar agentes físicos, químicos o biológicos. Sin embargo, hay condiciones de carácter organizativo y psicosocial que también pueden tener consecuencias sobre la salud.

Las jornadas prolongadas, el trabajo nocturno, la falta de autonomía, unas exigencias psicológicas elevadas, la falta de apoyo por parte de compañeros o responsables y los conflictos dentro de los equipos pueden mantener al organismo en una situación de tensión durante demasiado tiempo.

El estrés, por sí mismo, no es necesariamente perjudicial. El problema aparece cuando deja de ser una respuesta puntual y se convierte en algo habitual.

En esas circunstancias, el organismo tiene menos oportunidades para recuperarse. Se mantienen activados mecanismos relacionados con la respuesta al estrés y pueden producirse alteraciones que, con el paso del tiempo, afectan a distintos sistemas del organismo y pueden contribuir al riesgo cardiovascular.

Estrés laboral: una relación que merece atención

La relación entre estrés laboral y salud cardiovascular lleva años siendo estudiada.

Uno de los investigadores que más ha contribuido a este campo es el epidemiólogo finlandés Mika Kivimäki. En 2012, un metaanálisis publicado en The Lancet, que reunió datos de cerca de 200.000 trabajadores europeos, encontró una asociación entre el estrés laboral y un mayor riesgo de cardiopatía coronaria.

Lo relevante es que esta relación se mantenía incluso después de tener en cuenta otros factores de riesgo conocidos, como el tabaquismo, la obesidad o la hipertensión.

Posteriormente, Kivimäki y Andrew Steptoe revisaron los posibles mecanismos que podrían explicar esta relación. Entre ellos se encuentran los cambios en la respuesta neuroendocrina, la inflamación, las alteraciones de la función vascular y la dificultad para mantener determinados hábitos saludables cuando el estrés laboral se prolonga.

Para quienes trabajamos en prevención, el mensaje es importante: la evaluación de los riesgos psicosociales no debería entenderse únicamente como una herramienta para prevenir problemas de salud mental. También debemos considerar sus posibles consecuencias sobre la salud física.

Cuando la jornada de trabajo se alarga demasiado

Otro aspecto sobre el que existe una evidencia especialmente relevante es la duración de la jornada laboral.

Trabajar muchas horas se ha llegado a asociar en algunos entornos con compromiso, esfuerzo o productividad. Sin embargo, desde el punto de vista de la salud, una jornada excesivamente larga tiene costes que no siempre son visibles.

En 2021, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicaron un análisis conjunto sobre las consecuencias de las jornadas de 55 horas semanales o más. Los resultados estimaron un incremento aproximado del 35 % en el riesgo de sufrir un ictus y del 17 % en el riesgo de fallecer por cardiopatía isquémica, en comparación con jornadas de entre 35 y 40 horas.

Y no hablamos únicamente del tiempo que pasamos en el puesto de trabajo.

Una jornada prolongada suele dejar menos espacio para dormir adecuadamente, hacer ejercicio, descansar o mantener una vida personal y familiar equilibrada. También puede favorecer la acumulación de fatiga y dificultar la recuperación entre jornadas.

Por eso conviene revisar determinadas culturas empresariales en las que hacer horas extra de manera habitual todavía se interpreta como una muestra de implicación. Trabajar más horas no significa necesariamente trabajar mejor.

El apoyo dentro de la empresa también cuenta

Hasta ahora hemos hablado principalmente de factores que pueden perjudicar la salud. Pero el trabajo también puede ofrecer elementos protectores.

Uno de ellos es el apoyo social.

Tener responsables accesibles, compañeros con los que poder contar y un entorno en el que exista confianza puede marcar una diferencia importante a la hora de afrontar las exigencias del trabajo.

La investigación realizada en el marco del estudio sueco WOLF (Work, Lipids and Fibrinogen Study) encontró una relación entre determinadas características del liderazgo —como facilitar la participación, gestionar adecuadamente los cambios o ejercer una dirección clara— y una menor incidencia de enfermedad cardiovascular durante el seguimiento.

Esto tiene una lectura interesante para las organizaciones.

El liderazgo no es únicamente una cuestión de gestión de personas o de recursos humanos. La manera en que se dirige un equipo también forma parte de sus condiciones de trabajo.

Un responsable que comunica mal, genera incertidumbre constante o no ofrece apoyo puede aumentar la presión sobre un equipo. Por el contrario, una dirección clara, cercana y organizada puede ayudar a reducir parte de esa carga.

La prevención también puede preguntarse qué hace saludable a un trabajo

Quizá una de las ideas más interesantes de esta línea de investigación sea cambiar ligeramente el enfoque.

No deberíamos preguntarnos solamente:

¿Qué características del trabajo pueden enfermar?

También podemos preguntarnos:

¿Qué características hacen que un trabajo sea más saludable?

Esta forma de entender la salud laboral conecta con iniciativas como Total Worker Health®, impulsada por el National Institute for Occupational Safety and Health (NIOSH) en Estados Unidos. Su planteamiento parte de integrar la prevención de los riesgos laborales con aquellas actuaciones que pueden favorecer la salud y el bienestar de las personas trabajadoras.

La prevención de los riesgos sigue siendo la base. Pero un entorno laboral saludable también tiene que ver con cuestiones como la posibilidad de descansar, la conciliación, la participación de los trabajadores, el apoyo dentro de los equipos o las oportunidades de desarrollo profesional.

No se trata de convertir a la empresa en responsable de todos los hábitos de vida de sus trabajadores. Se trata de reconocer que las condiciones en las que trabajamos influyen en nuestra salud y que algunas de ellas sí están en manos de la organización.

El corazón también forma parte de la salud laboral

La evidencia disponible apunta hacia una conclusión que merece ser tenida en cuenta: la salud cardiovascular no depende únicamente de la genética o de lo que hacemos fuera del trabajo.

También puede verse condicionada por cómo está organizado nuestro trabajo, cuánto trabajamos, qué nivel de autonomía tenemos, cómo se gestionan las exigencias y qué apoyo encontramos dentro de la organización.

Para la Prevención de Riesgos Laborales, esto supone seguir ampliando el campo de actuación. No basta con identificar los riesgos evidentes. También hay que prestar atención a aquellas condiciones de trabajo que, mantenidas durante años, pueden terminar afectando a la salud.

Porque prevenir también significa crear entornos en los que las personas puedan trabajar, recuperarse y mantenerse saludables a largo plazo.